29 de enero de 2013

Regreso al planeta de los simios (Beneath the Planet of the Apes) (Ted Post; 1970)


"El único humano bueno, es aquel que está muerto”

Los monos aún tenían mucho que decir. Charlton Heston derrumbado ante la estatua de la libertad dio el pistoletazo de salida a una serie de cuatro secuelas, a cada cual más demencial, que terminaron por estructurar una saga que se hizo un pequeño hueco entre la cinefília atraída por el fantástico de la época. De entre las continuaciones realizadas durante los tiempos dorados del LSD (algo que se observa en el trabajo de los guionistas), guardo especial cariño por ‘Regreso al Planeta de los Simios’ (Ted Post, 1970), única continuación directa del film original. ¿La razón? Un juego de Scroll lateral para GameBoy Color inspirado en la película, que recibí como regalo de navidad y cuyo factor lúdico me enganchó hasta hacerme sangrar píxeles por los dedos. Aunque pensándolo en frio, posiblemente, el juego fuera una mierda (como la película); un título de lo más simple, cutre y presumiblemente lanzado para hacer promoción del recién rodado remake de Tim Burton . Sin embargo, la diversión  que me suscitaba cargarme simios a balazos en la portátil de Nintendo es, para mi, un recuerdo imperecedero. Yo que por aquel entonces tendría apenas dos lustros, ignoraba la existencia de cualquier continuación de ‘El planeta de los Simios’ (película que había visto no pocas veces), así pues, ese cartucho supuso para mi, el descubrimiento de una saga que pude visionar al completo años mas tarde y de la que tres cosas me llamaron la atención: 1) A medida que se sucedían las secuelas, las caracterizaciones de los monos y los escenarios, eran cada vez más pobres, culpa de continuas bajadas presupuestarias. 2) Absolutamente todas las secuelas del planeta de los simios se sostienen en excusas de lo más rebuscadas y delirantes. Y 3) La oportunista crítica a la guerra fría se advierte como una constante en todos y cada uno de los filmes. Si bien las dos primeras citas, son de una índole económica cuyo primordial fin es hacer caja, la tercera supone una perspectiva de lo más interesante en manifiesto de la época, y ‘Regreso al Planeta de los Simios’ la conserva adherida con vehemente bizarrísimo a su cutreza.

El filme comienza donde lo dejó el anterior. Ahora, una nave con dos astronautas se accidenta en la tierra (poco Spoiler resulta, a estas alturas) en el año 3955. A partir de ese momento, se abre la puerta de los delirios. Buscan a Taylor, solo a Taylor. Como si el personaje de Heston fuese el único que se perdió en la película original; parece como si el resto de la tripulación no tuviera suficiente caché, y les pudieran dar por culo. De ambos, solo sobrevive el astronauta Brett; James Franciscus; actor cuyo semblante expresaba menos que el de un cerdo vuelto morcilla, y que en esta ocasión, toma la antorcha protagónica de Charlton Heston. Por arte de Deux Ex Machina aparece una mujer galopando, Nova; la potente Linda Harrison (quién pillara a la chavala en los 70), que sigue igual de muda que en la película anterior (mejor, que sus esculpidas curvas hablen por ella). Tras unir fuerzas para encontrar al personaje de Heston, vivirán una sucesión de desventuras a modo de Déjà Vu de la primera entrega; visita a las chabolas de los monos, encuentro con Cornelius (por única vez en la saga, no interpretado por Roddy McDowall) y Zira, aprisionamientos y huidas a pie y a caballo hasta que… ¡Gloria!¡Genialidad! Aparece una nueva raza de humanos mutantes telequinéticos que reverencian a la bomba del juicio final como  único y verdadero Dios. Parece como si el guión fuese escrito por un pensador/crítico de la época en un ataque de lisergia extrema, pero aun consecuente con el petardazo de turno a la guerra fría. Ahora bien, a parte de este detalle, el más valioso de toda la película, el rehúso de cualquier pretensión filosófica, en que se metía el film original, es total. Aquí se abre la senda de una aventura de ciencia ficción transmutada en una ensalada bizarra de serie B, con un paleto a la cabeza, mutantes que hablan por telequinesis, simios fascistas de caretas cutres, una tía buena, una bomba atómica y… Charton Heston brevemente, pegando tiros. El paradigma del bizarrísimo más excelso que se avista en toda la saga.

Al igual que aquel videojuego con que tan buenos momentos pasé, es posible que la primera de las secuelas de ‘El Planeta de los Simios’ sea, objetivamente, una mierda infecta, y una violación salvaje a aquella obra maestra de 1968, pero también, un entretenimiento demencialmente lúdico y con cierto encanto. Si tuviera que elegir la mejor secuela de la saga (no incluyo ni el remake y el reboot), estaría entre esta y ‘La rebelión de los simios'; película de la que buena cuenta dieron en la notable ‘El origen…’.

@DavidCarideS

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