14 de febrero de 2021

Policías distópicos

Romantizamos mucho películas como 'Blade Runner', por su estética deslumbrante, épica humana, elevación del cine negro a estatus existencial, y tal... pero si entendemos, tal y como nos enseñó la clarividencia de Julio Verne, que el valor social e incluso pedagógico de la ciencia ficción está en su capacidad especulativa, hay un trío de películas de cine popular  que han sabido predecir mejor cuál era la dirección concreta de la distopía que hoy nos toca vivir. Todas, irónicamente, protagonizadas por policías como Deckard (o quizá no), pero con una visión del mundo más precisa que su desdibujada sociedad Cyberpunk. Os propongo hacer un viaje a sus mundos:


En un futuro próximo, en el último piso del rascacielos más alto de la ciudad de Detroid, un funcionario es tiroteado por un robot defectuoso propiedad de la empresa COE en plena reunión sobre el futuro de la ciudad. Su cuerpo cae con ironía simbólica sobre la maqueta del faraónico proyecto de Delta City, ciudad que vendría a suplantar a la actual Detroid. Minutos después en la cinta, un alcalde toma rehenes en el ayuntamiento y pide un millón de dólares y un descapotable entre otras disparatadas ocurrencias. Fuera, la parapetada policía, cuyo estatus jurídico ya es equiparable al de un mercenario de empresa privada, recibe la inesperada ayuda de Robocop, un poli resucitado en cyborg mediante un experimento frankenstein - bajo control y tutela de la COE -, que atiende a su programación y solventa el problema a hostias en un santiamén, devolviendo así la estabilidadal sistema. Las noticias se hacen eco, además, otra guerra ha estallado al otro lado del mundo. En los anuncios se publicita un juego familiar llamado "Destrucción Nuclear". 


En alguna parte de Australia la cosa está más chunga. En los albores del fin del mundo, Max Rockatanski, un policía de carreteras, sí parece haber encontrado la paz, junto Jesse, su esposa, y su hijo recién nacido. La crisis económica y social generada por la falta de agua y petróleo ha terminado por destruir el Estado australiano. Entre tanto, la anarquía se ha instalado en la sociedad. Grupúsculos de fanáticos violentos han tomado las carreteras, sin escuchar réplica, ni responder a pregunta....  Un día de picnic con su familia, Max se topa con ellos, y su mundo se convierte en un desierto. 


En Los Ángeles, John Spartan se despierta de su letargo criogénico por imprudencia penal de 36 años con ganas de aliviarse el colón. Ya en la taza, observa que en el lugar del papel higiénico, hay 3 cochas. Mosqueado va a preguntar a sus comparadas policías, pero todo el mundo ríe de él. Y peor aún, se ríe de la relevancia generacional del papel higiénico, algo intolerable. Spartan, que en ese momento ya había recibido dos multas - imediatamente impresas por un funcionario Robot-, decide saltarse nuevamente, y en reiteradas ocasiones, el estatuto  de moralidad verbal, para acto seguido ir a limpiarse el culo, ya no con la burocracia, sino simbólicamente con la distopía en la que ha renacido. 


¿Qué será del futuro? No podemos saberlo, pues no somos escritores de ciencia ficción, pero podemos empezar a dar valor a aquella especulación de Marty Mcfly en una de las mejores escenas d a historia del cine: "¿Qué nos ocurre en el futuro, Doc? ¿Nos volvemos gilipollas o algo parecido?", sin olvidarnos nunca, y por nuestro bien, de aquel mensaje en el tiempo que John Connor envió a  Sarah, la que sería su futura madre: "No hay más destino que el que nosotros creamos". Y entre tanto revisar 'Blade Runner', que pese a todo sigue siendo un peliculón. 


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